Martes 30/8

 Por qué llegar hasta el minuto final. La resistencia. La indomable pesadez con que anda tu cuerpo cuando nadie te ve. Ese reflejo en la ventana del baño, esas goteras inacabables, esa almohada de moho, ese vacío en el estómago. Ese extrañar hasta aplastar. Destroza tu órganos frágil niña de cristal. Tu cartón corrugado no aguanta más el desdén, el mal trato, el acecho cotidiano. No aguanta la ira con que se impregna tus flaquencias. La corrupción de la mente. El inalcanzable apetito voraz. La traducción de una guitarra sonando bajito por miedo a ser encontrada. Todo eso. Todo ese dibujo, esas pinceladas con que pintabamos un cuadro solo en mi casita. Solo en unos metros cuadrados, lejos de la ciudad, con la libertad de un campo, flores, aromas, animales. Pero nada de otra gente humana, nada de miradas ajenas, éramos nosotros intentando ser juntos sin ampliar nuestro horizonte ni levantar nuestra mirada.

Sigo insistiendo en pintar ese cuadro, en retratar esa imagen que mis ojos capturan nítida. Sigo insistiendo en que duermas en el colchón de arriba, mi cama, y no en el blandengue colchón del piso, solitario. Y a veces no te soporto e igual sigo insistiendo en que te quedes.
Compartir por placer, recordate siempre. No por obligación, no por necesidad, esa es mi falla. Insistir una vida, un vínculo a base de la necesidad del menos al más.
Y olvido muchas cosas. Y recuerdo otras tantas cuando mi mente se aclara igual que el cielo, cuando levanta el viento de septiembre a las 4pm. Ahí se posan los recuerdos en formas de nubarrones, de aire limpio y claro, del polvo de los autos que vuelven del trabajo. En que el color de las clivias naranjea mi vista en contraposición con el cielo gris y la otra mitad celeste y nubes pequeñitas.
Me perdí en ese hilo, en ese primer y segundo y tercer mate. Cuando me di cuenta de lo que me faltaba me relajé, ya estaba en paz, ya estaba bien, ya había hecho y dicho lo suficiente aunque me quedara un aguacero yo había sido feliz construyendo lo que dejara. Yo había sido feliz. Debo repetirlo porque a veces me olvido que la vida, tediosa sigue siendo divertida. A veces me olvido, me aparto, me estreso, me sumerjo. Me sumerjo en esos grandes océanos de pensamiento y de ahí no vuelvo hasta que este ahogada en llanto, ahogada y consumida. No sé qué posición astral será, no se que indicio marqué al nacer, no sé qué me lleva a actuar así, pero mi tendencia sigue siendo ahogarme, consumirme y lograr volver aún herida, aún sufriendo, aún escupiendo agua podrida, al cabo de unos días impecable y olvidadiza, como si nada hubiese ocurrido. Que mentira. Que mentirosa me digo y me sigo engañando. Así de fácil me olvido. Lo que digo, lo que escribo, lo que pienso, lo que callo, lo que te grito. Así se pierde el hilo y así me perdí hace unos minutos cuando me senté a tomar mates al sol y el sol ya se había ido. Esa es la desolación de haber pasado un día llorando, quejándome, sufriendo y al querer disfrutar ya avanzado el día veo que el día ya es hoy y la noche otra vez es mañana. Porque pienso dormir las horas que queden por vivir. 

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