Reapareciendo, despacio, en movimiento

 Y me pierdo en ese intervalo

El ir y volver. El mediar. El discutir. El comenzar y no llegar
El acabar antes de empezar
La distancia
La finitud
La diferencia atroz de la mirada
Impersistente
En recompenzacion
Diferencia

Me pierdo en la inmiscuidad
En el devenir algo significativo para el ojo y el paladar ajeno

Me pierdo cuando intento seguir un camino en vano a lo que creo correcto
Me pierdo cuando deambulo y más me pierdo cuando exalto con locura mis deseos (arbitrarios y de libre albedrío), deseos infundados, exaltados, inalcanzables, irresolutos. Me pierdo en ese pez que intento mover sin tener branquias ni aletas. Me pierdo cocreando mundos paralelos cuando intento eludir el presente y fantasmear algo volátil. Como soy yo. Como la fibra que llevo dentro y me lleva. La volatilidad de la que soy parte. Me ancla algo más allá de todo esto. Este mundo aparte, distante y tan distinto de lo que considero cercano

Me pierdo cuando intento mil cosas a la vez y sale una sola porque las otras quedaron volando cuando agarré el celu y me puse a anotar. Me pierdo en ese pasillo interminable cuando mi deseo es correr al último cuarto pero mi deseo primero pintar o colocar un cuadro y mi deseo anterior ver las goteras en el techo y mi deseo anterior soltar a las gallinas y mi deseo anterior mirar una peli y me olvidé si al despertar tenía algún deseo nuevo o ya viejo. Me olvido me pierdo en ese mismísimo intervalo entre pensar hablar y crear. Tengo tiempos muy distintos, inmensos, en los que algunas veces los actos seguidos se resuelven en décadas porque entre medio me pierdo. En sueños.

A veces despierta otras dormida me pierdo. Y sé que siempre, me encuentro. A veces serena a veces devastada. Pero adivino que mi camino toma formas intrincadas cuando me resuelvo. 

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