Por qué llegar hasta el minuto final. La resistencia. La indomable pesadez con que anda tu cuerpo cuando nadie te ve. Ese reflejo en la ventana del baño, esas goteras inacabables, esa almohada de moho, ese vacío en el estómago. Ese extrañar hasta aplastar. Destroza tu órganos frágil niña de cristal. Tu cartón corrugado no aguanta más el desdén, el mal trato, el acecho cotidiano. No aguanta la ira con que se impregna tus flaquencias. La corrupción de la mente. El inalcanzable apetito voraz. La traducción de una guitarra sonando bajito por miedo a ser encontrada. Todo eso. Todo ese dibujo, esas pinceladas con que pintabamos un cuadro solo en mi casita. Solo en unos metros cuadrados, lejos de la ciudad, con la libertad de un campo, flores, aromas, animales. Pero nada de otra gente humana, nada de miradas ajenas, éramos nosotros intentando ser juntos sin ampliar nuestro horizonte ni levantar nuestra mirada. Sigo insistiendo en pintar ese cuadro, en retratar esa imagen que mis ojos ca...